Llegó el día donde pudimos (mi novia y yo) comer con Andrea Pecile, capitán del CB Granada. La oportunidad vino gracias a ganar un concurso de relatos que hablaran de experiencias con nuestro equipo, a lo largo de su historia. Y voy, y lo gano (os dejo este relato más abajo). Todo salió a pedir de boca, desde una gran comida, la compañía del resto de comensales, la compañía de mi Mati y sobre todo, decubrir a la persona que hay detrás del deportista. Es interesante conocer a alguien al que te acostumbraste a animar, a criticar, a sufrir, a disfrutar… pero siempre desde mi asiento del Palacio de Deportes cuando hay partido. Con el avance de la comida fuimos soltando amarras, y la conversación fluía por diversos temas y muchas anécdotas (destacaré que Andrea vive en mi barrio, el Zaidín, y que le encanta,jajaja). No os aburriré con detalles, sólo quiero que os lleguen las sensaciones ante un deportista de élite, pero alejado del modelo que nos dan los futbolistas (distantes, creídos, inaccesibles…). En la mayoría de casos, y más en clubes modestos, son como nosostros, aunque tienen la virtud de hacernos partícipes de sus éxitos y fracasos de un modo cercano. Que siga Andrea Pecile así mucho tiempo, y no abandone ni el Zaidín, ni Granada!!

Crónica en www.cbgranada.com

Relato con el que gané esta oportunidad:

Es difícil ver a mi padre en el baloncesto. Llevarlo al palacio. Dice que los nervios tienen la culpa, que lo pasa mal. Aquel día, último del Play Off por la permanencia contra el Ciudad de Huelva, estábamos toda la familia. Había asistido yo regularmente a la temporada, entradas que van y vienen tenían la culpa. Pero aquel día, el de máxima tensión, donde los nervios son protagonistas, todos pudimos ocupar un espacio en el palacio, incluido mi padre. Estábamos en la esquina superior, a la derecha de las cabinas de retransmisión. En el palacio no cabía un alfiler, como en otras grandes ocasiones, pero nosotros podríamos vivir la historia, podríamos contarlo, fuimos alfileres.

Todo el partido de infarto, el asiento era mero testigo de nuestros arranques de ánimo, de ahogo en canastas contrarias, de miradas que buscan consuelo o aprobación… y todo en familia, los cuatro. Repartía mis emociones en dos partidos disputados al mismo tiempo, abajo en la cancha mi equipo, a mi lado mi padre intentando mantener los nervios a raya a cada canasta del rival, jurando no pasar más por aquello. Así transcurría el encuentro, hasta llegar a la secuencia que todos guardamos en la retina de nuestro álbum particular del CB.

Un jugador surgido de la masa corrió de lado a lado para convertir un sueño en canasta, sin tiempo para nada más, sólo para disfrutar. Recuerdo tanto aquella canasta como nuestra casi caída por las escaleras, abrazados (atrás quedaron los asientos muchos minutos antes), compartiendo todo y con todos. Éramos uno, conocidos y no conocidos, confraternizados en torno a la alegría sin medida. La fiesta intensa se prolongaría por todo el palacio, por las calles de Granada, por mi familia. Mi padre salió emocionado, perjurando no volver de nuevo a aquello, esa batalla a los nervios la había ganado él.

Ha vuelto alguna muy contada vez, pero siempre me pregunta cuando vuelvo del partido, pone su radio, pestañea imágenes de TV cuando lo retransmiten, sé que es del CB. Aquel día, junto a mi familia, junto a mi padre, sentí que éramos CB y que el CB éramos todos, aquellos que abarrotamos el palacio no podíamos perder. Y no perdimos.

GRACIAS CB GRANADA, un socio.

Anuncios