Para encontrar mitos del boxeo no sólo debemos mirar al profesionalismo, sino también a la categoría amateur, donde la esencia pura de este deporte parece conservarse. Entre estas leyendas nos encontramos a nuestro protagonista.

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Sin ser Joe Luis, ni Rocky Marciano, ni Muhammed Alí, George Foreman. o Mike Tyson., se trata del más grande boxeador en el ámbito amateur que ha tenido el mundo: el cubano Teófilo Stevenson.

Teófilo Stevenson había nacido en 1952 en el central “Delicias” de la provincia de Las Tunas (Cuba). Desde temprano se inclinó por el boxeo, un deporte de ciencia y rudeza para el que parecían haberlo dotado sus 1,90 metros de estatura, sus 93 kilos de peso y su pegada demoledora.

Hacía ya una década que el célebre entrenador Alcides Sagarra había iniciado lo que se ha dado en llamar “la escuela cubana” de boxeo, un original cóctel de ingenio, habilidad, astucia, inteligencia y contundencia del que salieron grandes figuras mundiales como Stevenson, Roberto Balado y Félix Savón.

A pesar de este origen humilde supo aprovechar las facilidades concedidas por Fidel Castro para estimular la práctica del deporte, logrando varias medallas de oro olímpicas (en Munich 1972, Montreal 1976 y Moscú 1980) y no pudo ganar la cuarta medalla porque su país boicoteó los Juegos de Los Angeles en 1984. Fue campeón mundial en 1974, 1978 y 1986, Ganó el oro Panamericano en 1975 y 1979 y en los Centroamericanos de 1974 y 1982 del boxeo llamado amateur, en la categoría de los pesos pesados (más de 90 kg). Las estadísticas muestran que participó en 321 combates de los que ganó 301 y nunca perdió por knock out.

A los 20 años de edad debuta en sus primeros Juegos Olímpicos en Munich 72 y en la ronda de octavos de final, Stevenson se enfrentó nada menos que al gran favorito para la medalla de oro, el estadounidense Duane Bobick, con quien ya había perdido un año antes en los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia.

El cubano cobró revancha sin grandes complicaciones, pero lo que más impresionó fue la fuerza de su golpe, su potencia y la forma de moverse sobre el ring, a pesar de ser un peso pesado. Stevenson fue por el oro y lo ganó.

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Terminaba el tercer round del combate por el oro en los Olímpicos de Moscú 80 y tan pronto sonó la campana el pelador soviético Pyotr Zaev tuvo su propio festejo, aunque sabía que la medalla no sería para él. Lo que el soviético festejaba era el histórico final del combate, ya que a él correspondía el honor de haber podido terminar de pie frente al demoledor número uno del olimpismo, con resultado de 4 puntos a 1.
Y es que, tanto en Munich 72 como en Montreal 76, Stevenson venció por knock out a sus oponentes finales, que habían sido los rumanos Ion Alexe y Mircea Simon, respectivamente.

Quizá Stevenson pasó su gran apuro olímpico en la Final de 1976, cuando Simon salvó su inminente derrota a base de moverse mucho sobre el ring durante los primeros dos episodios. Así, el rumano lograba evadir los fuertes punchs del campeón, pero tarde o temprano el golpe de gracia que caracterizaba a Stevenson encontraría el blanco acostumbrado. Y sucedió mucho antes de que acabara el combate: la fiesta acabó para el rumano y Stevenson ganó su segunda medalla olímpica.

Sus atributos boxísticos no escaparon a la tentación de los más sagaces promotores del profesionalismo. Llegaron a ofrecerle cantidades extraordinarias de dólares para que abandonara el amateurismo, lo que forzosamente implicaba abandonar Cuba. Acabando Munich 72, trascendió que un empresario le ofreció a Stevenson tres millones de dólares por un combate profesional (se rumorea que contra  Muhammad Alí), pero él, seca y orgullosamente dijo: “En el boxeo profesional se trata a los profesionales del boxeo como una mercancía que se compra y una vez vendida se desecha cuando no se puede usar más. No cambiaría un pedazo de la tierra de Cuba para todo el dinero que podrían darme”, prefería los 10 millones de aplausos de la gente de su país. Como recompensa a su entrega deportiva y fervor patriótico, el gobierno de Fidel Castro siempre le concedió una serie de privilegios.

En Moscú 80, el cubano ganó su tercera medalla de oro en Juegos Olímpicos, convirtiéndose en el segundo boxeador del mundo en lograr esta hazaña, pero el primero en una misma división.

Hoy en día, Stevenson conserva su popularidad de antaño y trabaja como funcionario de la federación de boxeo de Cuba. También se le recuerda por haber pronunciado –con gran ingenuidad- una frase/entelequia en principio sin sentido pero que aún hoy se utiliza a manera de dicho popular por los cubanos de su generación: “La técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica”.

  

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