Donde todo será tan importante como queramos que sea

Archivo mensual: marzo 2007

Gianfredi, sentado en el banco de suplentes con la cabeza gacha, miraba sus botines. El partido que en los papeles pintaba para paseo, se había puesto durísimo y ya promediaba el segundo tiempo.

La pequeña cancha de los Albos estaba repleta. Era un club modesto de primera B que jamás en su historia había ganado ningún torneo, cuanto menos un campeonato oficial, y en ese partido se estaba jugando el campeonato, su primer campeonato y el consiguiente ascenso a primera división. Lo miró de reojo a Podestá, el técnico. Parecía una estatua tallada en piedra, no movía un músculo de la cara, pero se estaba jugando la ficha de su vida. Ya pisaba los sesenta, y había desfilado por más de veinte clubes de tercera y segunda de ascenso, jamás uno de primera. Nunca había obtenido algo mejor que un cuarto puesto y ahora con este modestísimo equipo tenía la gran oportunidad, tan esperada.

Para Podestá, Gianfredi no existía, le había pedido al presidente un nueve de Rosario, un pibe que la rompía y estaba de oferta, pero se le aparecieron con Gianfredi que, según los comentarios, después de despilfarrar fortunas por Europa volvía a su patria, poco menos que en silla de ruedas a robar las últimas monedas. El tiempo le había dado la razón, en los tres partidos que lo puso había decepcionado a todos.

¿Pero como llegué a esto? Yo, Gianfredi, ídolo en esta canchita a los diecisiete. Goleador en dos clubes grandes y aclamado en tres de los mejores equipos europeos. Tendría que ser millonario con la plata que agarré y estoy como empecé, pero viejo, escrachado, mirado con lástima, en el banco y sin chance de entrar. Galindo me aceptó el pase en blanco por dos pesos y más por política que por otra cosa. Quiso que el jugador que fui terminara la carrera en el club, durante su presidencia…

La modesta cancha con tribunas bajas de madera, hervía. La barra seguidora de siempre estaba enloquecida. Con los torsos desnudos, transpirados bajo el riguroso sol del verano porteño, no paraban de saltar, de empujar al equipo con estribillos y cánticos. Los plateístas, usualmente más circunspectos, también se habían soltado y alentaban individualmente a tal o cual jugador. También se escuchaban los gritos que llegaban de la cancha, los del equipo propio y los del rival. Aunque de los primeros, los únicos que gritaban eran el arquero, ordenando la defensa y el cinco, el vasco Altolaguirre, capitán, que les gritaba a todos. Las cámaras de TV no se perdían nada, porque el partido iba en directo, para desesperación de los cabuleros, que pensaban que la televisión era mufosa porque las veces que los habían transmitido nunca habían ganado.

¿Y estos…? Lloraron cuando me fui del club y ahora que estoy de vuelta no me aguantaron ni tres partidos. Como duelen los gritos de la hinchada cuando uno anda mal. Y las burlas. Pero tuve que aguantar, si salimos campeones voy a agarrar unos mangos que necesito. Aunque la vuelta no la voy a dar, la cara no me da para tanto, porque la verdad es que anduve para el orto, estoy hecho un desastre… y encima, achacado. Menos mal que el único que lo sabe es Gardino, amigazo el tordo y de toda la vida. Dice que no puedo jugar más, que estoy arriesgando la vida, que tengo no se que mierda en el bobo. Por suerte no se avivaron cuando me hicieron el examen de ingreso al club y el seguro de vida recién vence a fin de año. Le tuve que pedir casi de rodillas que no le avisara al tordo del club. Lo convencí diciéndole que no me iban a poner, justamente porque las veces que había entrado me había parado al empezar a sentir esa cosa jodida en el pecho y que este iba a ser mi último partido, que me dejara dar la vuelta olímpica.

El banco alrededor de Gianfredi, era un solo nervio. Todos gritaban, festejaban o lamentaban las jugadas que se iban dando. Ganaban uno a cero y con ese resultado eran campeones. Pero todos sabían como es el fútbol, y también que deberían ir ganando por tres o cuatro goles, pero la pelota no había querido entrar, los palos, el arquero rival que tenía su tarde de gloria y algún cruce milimétrico de los del fondo, lo habían impedido.¡Uno a cero, de penal mal cobrado y gracias! Un contragolpe, un pelotazo afortunado, una pierna mal puesta dentro del área y el sueño se desvanecía.

Había que ganar, el empate no servía. Estaban a dos puntos del primero que ya había jugado su último partido, y todavía faltaban veinte minutos. Pero no los veinte minutos, del que espera a la novia, al colectivo o que lo atiendan en el banco. Veinte minutos de un partido que se va ganado por la mínima diferencia y que significa un campeonato, es decir un siglo más o menos. Y este formidable desdoblamiento del tiempo es algo que todo hincha de fútbol conoce perfectamente, sin haber leído a Einstein.

¡Que bajonazo que tengo! Lo que más me jode es el ambiente en casa. Irene no me reprocha nada, al contrario, me dice que tenemos una linda casita, tres hijos hermosos, que todavía somos jóvenes. Pero yo se que nunca la escuché, por eso estamos como estamos. Y los chicos, los varones que tan orgullosos estaban de mí. Fueron dos veces a la cancha, escucharon como me insultaban y me vieron jugar tan mal… que humillados que están. No me dicen nada, pero me esquivan la mirada. La única que me hace sentir bien es la nena. Me dijo, papá a mi no me importa que no hagas más goles, yo te quiero igual y me abraza. Me dan ganas de llorar.

Los contrarios se habían ordenado, no tenía nada que ganar ni perder, ya habían pulsado el nerviosismo de los locales. Al fin y al cabo eran el equipo del barrio vecino, eternos rivales. ¿Y que cosa más hermosa que aguarles la fiesta a esos culos rotos?, porque para ellos, solamente de culo podían estar peleando el campeonato con el equipo que tenían. Ahora manejaban la pelota con serenidad y avanzaban lentamente asegurando cada pase. El vasco Altolaguirre con la camiseta totalmente empapada, la cara enrojecida, hacía sentir su vozarrón por toda la cancha. ¡Presionen la salida, carajo! ¡Chino agarra al cuatro que se está mandando arriba!, ¡Aprieten que faltan quince!

Pobre vasco, tiene tres años menos que yo, treinta y cinco. Ya es un dinosaurio futbolístico y nunca se movió del club. Después que me fui, estuvo a punto de pasar a un club brasileño, pero no se le dio. Y se quedó para siempre aquí. Creo que es el que más se merece el campeonato. Nunca pisó una cancha de primera y Galindo que lo aprecia, como todo el mundo, ya le dijo que si salimos campeones sigue en el equipo un año más. No quiero ni pensar lo que debe estar sufriendo.

En las tribunas se percibía que la mano no venía bien, el equipo se había acortado, estaban los once en su propio campo. El Perro Sanjurjo desde el arco pedía que salieran, que presionaran arriba, pero no había caso se venía el malón y cada uno hacía lo que podía. La línea de cuatro muy retrasada optaba por esperar y reventar la pelota adonde fuera. Los dos centrales, el hacha Barroso y el burro Roldán escribían una epopeya de las defensas heroicas. Los marcadores de punta, el ciruja Gómez y el chino Domínguez, trataban de frenar las subidas de los aleros, pero se les venían también los marcadores de punta. Un poco más adelante, el vasco Altolaguirre, el ocho, el diez y los punteros trataban de robar pelotas, de desacomodar a los que la traían dominada. Solo el colorado Nielsen con el nueve en la espalda quedaba adelantado a la espera de alguna cortada salvadora. Podestá, se había levantado del banco, con las palmas de la manos abiertas, las movía rítmicamente hacia abajo pidiendo calma, que pararan la pelota. Faltaban cinco.

Como se complicó, era un partido ganado en el vestuario, pero me parece que no están para aguantar, los nervios no los dejan pensar. Es un lindo equipito, jugadores de montón, pero con un corazón y unas ganas como pocas veces vi. Lo que es andar en la mala, ni esta me va a salir. Si no salimos campeones, me van a echar como un perro y encima sin un mango… Ay, ay, ay! Quedaron a contrapié, si se la cortan al once, el vasco no lo va a poder parar.

Y salió la cortada sobre el lateral izquierdo, el once la dejó pasar y la corrió, el vasco detrás. Cuando el delantero, ya olfateando el gol, pisó el área, Sanjurjo salió desesperado a tapar, pero el once tiró la gambeta larga a la derecha y lo dejó desparramado. Arco desguarnecido, solo tenía que tocarla, pero ahí llegó el vasco en el aire con los tapones de punta y le hachó los tobillos. Penal y roja indiscutible. El vasco, no lloró camino al banco, pero su expresión de desconsuelo era indescriptible. Justamente él, que se había matado todo el año, iba a ser el responsable de la derrota y la pérdida del campeonato. Lo pateó el mismo once. Ni tomó carrera, la colocó con clase en un ángulo bajo, el perro ni se movió. Uno a uno, la gran ilusión se hacía trizas. Faltaban tres.

Podestá sin mirarlo, con esa cara opaca, gris, que no traslucía ninguna emoción, dijo: Gianfredi, caliente un poco que entra por Ordóñez… Gianfredi levantó la cabeza y quedó estático como masticando la orden. Luego se paró, elongó gemelos, cuádriceps, hizo algunos movimientos para aflojar la cintura y ensayó unos trotecitos cortos frente al banco. Cuando el cuarto árbitro, levantó el cartel luminoso con un número ocho que indicaba el cambio y Ordóñez, cabizbajo, trotó hacía el banco, Gianfredi que lo esperaba, chocó palmas con él e ingresó al campo.

Lo que faltaba, que me quieran colgar el San Benito de este desastre. Yo estuve bien puteado en los otros tres partidos, pero aquí no tengo nada que ver. Ni en mis mejores años hubiera podido hacer algo a esta altura del partido. Estoy en el banco solamente porque mi nombre en la formación podía mejorar la recaudación. Y ahora este turro de Podestá me pone porque se la ve venir. No va a faltar algún periodista poco informado que diga: “A la vista de la magnífica oportunidad desperdiciada por los Albos para obtener su primer campeonato, resulta incomprensible que en un partido de tamaña envergadura, el técnico haya decidido prescindir de un hombre con la historia y la experiencia de Gianfredi” Las veces que habré escuchado o leído este verso. Lo que quiere es que en estos dos minutos todos vean porque no me puso antes.

La tribuna local, había callado. La desazón, la angustia, el dolor que importaba un bello sueño hecho pedazos los había ganado a todos. Lo aplaudieron un poco a Ordóñez al salir pero a él, que caminaba cansinamente hacia su puesto sobre el lateral derecho. lo miraban con resignación e indiferencia. Solamente resonaba en el estadio el clásico cantito entonado, sin mucho entusiasmo, por la tribuna visitante “…se quema, se quema, se quema y se quemó, a los Albos se le queman las ganas de campeón”.

Sus compañeros tampoco parecieron enterarse de su ingreso y el comprendió que no le iban a pasar la pelota, quedaban dos minutos, la iban a manejar los más hábiles, con mejor estado físico. El tiempo seguía pasando, pero ahora en forma inversamente proporcional, con una velocidad alucinante

Los rivales estaban hechos, el objetivo se había cumplido. No valía la pena arriesgar, no fuera cosa que en la locura de la derrota alguno saliera a lastimar. Todavía había que volver al barrio. Se plantaron firmes en defensa y retrasaron el equipo, solo era cuestión de cuidarla y esperar.

Cuando algún rival avanzaba por su carril, Gianfredi intentaba marcarlo, pero no tenía velocidad, la molestia en el pecho cada vez más intensa lo tenía asustado, así que lo pasaban como poste. La hinchada le dedicaba el más cruel de los insultos: la indiferencia total.

El tiempo de juego se había cumplido, pero el árbitro había indicado dos minutos más, ya se había ido uno. Quedaban segundos. El colorado Nielsen, que era el nueve y goleador del equipo, robó una pelota en media cancha y decidió jugarse la patriada, pero comprendió que no podría pasar, tenía delante una nube de defensores, necesitaba hacer una pared. Miró, estaban todos marcados, el único destapado sobre el lateral derecho era Gianfredi, no lo pensó más, se la dio y picó a esperar la devolución cerca del área. Gianfredi, de una ojeada, entendió que la jugada era tan obvia, que el nueve no la recibiría de vuelta, y que si lo hacía, tendría tres hombres encima antes de tocarla. Amagó el pase, pero la empujó por el lateral, casi sobre la raya de cal, y corrió tras ella, el marcador de punta salió como una flecha al cruce. Con un gesto de dolor en la cara lo dejó venir, cuando lo tuvo encima enganchó hacia adentro, el otro pasó de largo. La volvió a tocar hacia adelante pero se le fue larga, si no picaba se le iba por el fondo.

¡Pero que boludo, se me fue larga, carajo!, Si pico, la agarro y tiro el centro, pero ¿para qué?, el único que va a llegar es el colorado… ¿y como va a cabecear entre todos esos…?

En las tribunas, nadie respiraba, con los puños apretados seguían la jugada de Gianfredi, Cuando se le fue larga un lamento colectivo recorrió el estadio, pero de pronto, respondiendo a una inspiración superior, Gianfredi picó como en sus mejores tiempos. Llegó a la pelota a dos metros de la línea de fondo y cinco del borde del área, poco menos que un tiro de esquina. Se abrió un poco para darle bien, colocó el pié izquierdo a la altura de la pelota y sacó el derechazo, como los que saben. La calzó más bien abajo, de chanfle, con borde externo de pie derecho, tres dedos que le dicen. La pelota levantó vuelo rotando sobre si misma furiosamente hacia la derecha. El arquero intuyó que no era un centro y corrió a cubrir el primer palo. La pelota en el aire parecía dirigirse al banderín del córner, pero al pasar frente al primer palo girando y girando con un suave siseo comenzó a doblar hacia la derecha y a bajar. El arquero la miró como quien mira pasar un avión.

El mundo se paralizó, nadie respiraba en las tribunas, ni los jugadores en la cancha o en el banco, ni los que miraban por televisión, ni los relatores de radio. Nadie. El tiempo se había detenido. Solo existía una pelota de fútbol girando en el aire como un estrafalario planeta blanquinegro mientras Gianfredi con el equilibrio perdido, dando tumbos, caía dentro del área.

Miles de pupilas dilatadas, sin pestañear, la transpiración fluyendo por todos los poros, puños, dientes apretados y la pelota que rotando como un trompo, mágicamente, se cerraba y bajaba, más y más… Pegó en la parte interna del segundo palo, picó adentro del arco y se depositó mansita, pero todavía girando, junto a la red, como besándola con amor.

¡Un golazo de aquellos!

El árbitro señaló el centro de la cancha convalidando el gol. Caminó tres pasos en esa dirección levantó el brazo y pitó el fin del partido.
¡Los Albos eran campeones!

Antes que el pitazo final sonara, el mundo había explotado. En los veinte segundos que siguieron al gol, simultáneamente, ocurrieron muchas cosas. Las tribunas eran una sola catarata de cuerpos brillosos de sudor y caras desencajadas que bajaban trastabillando hacia el alambrado con un grito de gol interminable en sus gargantas. Saltando, gritando, se abrazaban unos con otros, reían, lloraban, expresando la pasión brutal del fútbol en su más cruda belleza. Los jugadores colgados del alambrado tiraban sus camisetas a la hinchada, descargando la tensión contenida durante un partido interminable, la alegría recuperada cuando ya no quedaban esperanzas.

Desde la platea un señor gordo con un sombrero piluso, que se había cansado de putearlo, gritaba frenéticamente: ¡Gianfredi, yo sabía que ibas a aparecer, ídolo! Podestá, el técnico cara de piedra, sentado en el banco ocultaba la cara entre las manos y lloraba convulsivamente como un niño toda una vida dedicada al fútbol que, por fin, había encontrado su premio. En el bullicio general una palabra era escuchada repetidamente: Gianfredi.

El estallido de gol, gritado por diez mil almas había despertado al barrio, los gorriones habían levantado vuelo y se habían abierto las ventanas. Los autos tocaban bocina, hasta las señoras jóvenes y las mayores, siempre desinteresadas por el fútbol, levantaban sonriendo sus brazos al cielo. El barrio rejuvenecía, los árboles eran más verdes, el aire se había perfumado con las flores de los jardines y hasta el vigilante de la esquina ensayaba un pasito de baile… La vida era hermosa. En la casa de Gianfredi, la nena que era la única que estaba mirando el partido había dicho hacía un rato con tono sombrío: nos empataron. Y luego: va a entrar papá. La mujer con un plato en la mano y los chicos, lentamente como al desgano, se habían acercado al televisor. Ella había lanzado el plato al aire, gritado ese gol como ningún otro en su vida y lloraba abrazada con sus hija mientras los chicos descargaban la bronca contenida gritando a la pantalla: ¡Vamos viejo todavía! y a la hinchada enfocada por la TV: ¡Puteenlo ahora, tiraculos!

En la verja del jardín se habían colgado unos chiquilines que coreaban: ¡Gian-fre-di, Gian-fre-di! Un manto de felicidad había caído sobre la barriada, el sueño se había hecho realidad. El modesto equipo que amaban por que era parte del paisaje cotidiano accedía a la primera división, por primera vez en su historia.

Todo ocurría en esos veinte segundos posteriores al gol. En la tribuna visitante, un muchacho había dicho amargamente: es increíble, estos culosrotos, campeones y un viejo le había retrucado: si, son unos culosrotos pero lo tienen a Gianfredi, entró dos minutos y ganó un campeonato, si jugaba todo el partido nos hacían nueve, es un grande, pibe. En los replay televisivos, Gianfredi comenzaba a arrancar, a enganchar, a picar, a pegarle como los dioses, así lo haría una y otra vez durante días, quizás, años.

Y también en esos veinte segundos, algunos hinchas que habían entrado al campo, ayudantes de campo, todos los jugadores titulares y suplentes, semidesnudos, los brazos en alto con el vasco Altolaguirre a la cabeza, corrían hacia Gianfredi, para abrazarlo, besarlo, levantarlo en andas y llevarlo así, a dar la vuelta olímpica.

Pero Gianfredi, no los veía ni los escuchaba venir, tendido inmóvil, con una expresión de infinita paz y una tenue sonrisa dibujada en sus labios, miraba, ya sin ver, el descolorido, amarillento pasto de la cancha de los Albos, campeones de la B.


Escuchando hoy el programa “SER AVENTUREROS” de la cadena ser (muy recomendable) empezaron a entrevistar a un verdadero aventurero, Andreu Mateu. ¿Que por qué?¿Qué ha hecho para otorgarle este título?¿Por qué esa entrevista? Su última aventura, y digo última porque es un tipo inquieto que no para de alcanzar retos, ha sido cruzar el atlántico a remo en solitario. ¿Fácil? ¡¡Se ve que no lo pensastes detenidamente!! Mejor que contaros yo cosas de él, que sin conocerlo lo admiro (estaría bien conocerlo algún día y que me cuente cosas), que sea él a través de la página de su última hazaña quien os traslade al mundo de la aventura con ésta y otras ya realizadas. Pincha en este enlace y descubre la magia de alcanzar sueños, con voluntad todo vale!!

http://www.conunparderemos.com/


Imagina que tu sueño de hacerte futbolista profesional se cumple. Que además empiezas a destacar en tu país, con tu selección y que das el salto a un mejor equipo y a una gran liga como la italiana. Cuando tengas el sueño en tu cabeza, ahora despierta y todo eso desaparece en un instante. Quizás no fuera un sueño y tú fueras Julio González, futbolista paraguayo, que intenta convertir la tragedia en ilusión por conservar su sueño. Hace un año, en la madrugada del 22 de diciembre de 2005, mientras viajaba rumbo al aeropuerto de Venecia, donde debía tomar el vuelo que lo llevaría a Paraguay para pasar las Fiestas de Navidad y Año Nuevo con su familia, sufrió un grave accidente de tráfico que puso en serio peligro su vida y que obligó a los médicos que lo atendían a amputarle el brazo izquierdo.

González jugaba con el Vicenza de
la Serie B italiana, y había marcado ocho goles en el campeonato antes del choque, además de haber sido subcampeón olímpico en Atenas 2004 con su selección.

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“Entendí el riesgo que corrí y estar vivo, poder volver a la casa, hablar y jugar con mis hijos, es un don de Dios”, declaró Ferreira en sus primera declaraciones públicas desde el accidente, publicadas el viernes por
la Gazzetta dello Sport.

Tras la conmoción por el accidente, empezó a cambiar de nuevo su historia, quería volver a jugar aún con sus limitaciones, y para ello comenzó a trabajar muy duro para acortar plazos marcados por

él mismo para retornar a su sueño.

“Cuando volví a entrenarme me dediqué a hacer trabajo físico porque estuve muchos meses parado y eso en un futbolista se nota enseguida, me costó coger el ritmo”, admite. “Por las mañanas hago fisioterapia y por las tardes me entreno con el equipo. Pero, de momento sólo trabajo físico. Quedan prohibidas las sesiones tácticas porque sería un problema chocarme con algún compañero”, explica Julio quien, antes del accidente, tenía una oferta del Roma. “Disparo y cabeceo sin problemas, lanzo los saques de esquina, pero todavía no puedo jugar partidillos”, comenta. “Al no tener el apoyo del otro brazo sería un problema defenderme de las caídas”, explica.

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En su lucha el equipo del Vicenza lo ayudó desde el primer momento (le ha renovado hasta junio) e incluso le abrió las puertas a otras vías relacionadas con el fútbol como ser ojeador, pero lo tiene claro, futbolista. “No me he puesto fechas límite. Espero volver a jugar en junio, si no puede ser en junio será la temporada que viene”, asegura. Mientras tanto, los domingos va a ver los partidos de los rivales. “El fútbol es lo que más me gusta en la vida, pero hay miles de profesiones en este mundo y si no puedo volver a ser futbolista…”.

“El accidente que tuve no fue tan grave porque me ha ayudado a entender la verdadera belleza del mundo y de la vida. En el hospital había gente que estaba peor que yo, pero que siempre me regalaba una sonrisa. Ahora yo también puedo llevar buenos mensajes a quienes los necesiten”, señaló el delantero durante la ceremonia de entrega del premio Facchetti-Lo bello del fútbol,entregado por la “Gazzetta dello Sport”

Una persona que persigue un sueño y además no deja que se lo arrebate ni siquiera un accidente de coche, tiene derecho a intentar su vuelta a este mundo, y tiene derecho a intentarlo como lo que era, futbolista profesional. Para ello tiene que tener las cosas muy claras, no sólo desde el fútbol:

“Yo perdí un brazo, pero gané miles de brazos de la gente que me apoya y estoy agradecido”


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El mundo del JUDO femenino en España y más allá de nuestras fronteras, no puede dejar de mirar a Isabel Fernández. Si existe una deportista tan completa como para ganar todo lo posible a lo largo de su carrera deportiva (y aún no está retirada), esa es esta mujer alicantina. Quién mejor que ella misma para contarnos (en el enlace que os dejo) breves reseñas de sus comienzos, logros y objetivos futuros. Desde aquí nos queda admirarla como gran deportista que es y animarla para seguir compitiendo y enseñando a las generaciones futuras, que el judo es un gran deporte para todos.

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ANÍMATE A PRACTICAR JUDO

http://www.elpatiodeldeporte.com/index.php?blog=12

Os dejo su palmarés, que produce vértigo si te paras a pensarlo.

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2005:

  • Medalla de oro en la categoría -57 en los Juegos del Mediterráneo de Almería
  • Medalla de bronce en la categoría de -57 kilos en el Campeonato de Europa de Rotterdam
  • 1ª en el Torneo Internacional de Judo de París (-57 kilos)2004:
  • Abanderada de la delegación española en los JJ.OO de Atenas
  • 5ª en -57 Kg en los JJ.OO de Atenas
  • Medalla de oro en la categoría de -57 kilos en el Campeonato de Europa de Budapest2003:
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Campeonato de Europa de Düsseldorf2002:
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el World Masters de Bucarest
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Bronce en -56 Kg en el Campeonato de Europa2001:
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Campeonato de Europa de París
  • Medalla de Bronce en judo en -57 Kg en el Mundial de Munich
  • Medalla de Plata en judo en -57 Kg en el Torneo Rotterdam
  • Medalla de Bronce en judo en -57 Kg en el Torneo Villa de París
  • Medalla de Bronce en judo en -57 Kg en el Gran Prix de Sevilla
  • Medalla de Bronce en judo en -57 Kg en el Torneo Villa de Budapest
  • ‘Mejor Judoka Femenina del Siglo’2000:
  • Medalla de Oro en judo en -57 Kg en los Juegos Olímpicos de Sydney’2000
  • ‘Mejor Deportista Femenina del Año’
  • Premio Nacional del Deporte Reina Sofía1999:
  • Medalla de Plata en judo en -57 Kg en el Campeonato del Mundo (Inglaterra)
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Campeonato de Europa (Eslovaquia)
  • Medalla de Plata por equipos en el Campeonato de Europa
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Torneo Internacional de Holanda
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Torneo Villa de París (Francia)
  • Medalla de Plata en -57 Kg en el Torneo de Praga
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Torneo de Sydney1998:
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Campeonato de Europa
  • Medalla de Bronce por equipos en el Campeonato de Europa
  • Medalla de Oro en -57 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Plata en -57 Kg en el Torneo Internacional Villa de París
  • Medalla de Bronce en -57 Kg en el Torneo Internacional de Holanda1997:
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato del Mundo
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Campeonato de Europa
  • Medalla de Bronce por equipos en el Campeonato de Europa
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Bronce en -56 Kg en el Torneo Villa de París (Francia)
  • Medalla de Bronce en -56 Kg en el Torneo Internacional de Praga
  • Medalla de Bronce en -56 Kg en el Torneo Internaconal de Holanda1996:
  • Medalla de Bronce en -56 Kg en los Juegos límpicos de Atlanta’96
  • Medalla de Bronce en -56 Kg en el Campeonato de Europa
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato del Mundo Universitario
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Torneo de Roma (Italia)1995:
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Campeonato de Europa
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España por Autonomías
  • Medalla de Bronce en -56 Kg en el Torneo Villa de París
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Torneo Internacional de Varsovia
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Torneo de Cuba
  • 5ª en -56 Kg en el Campeonato del Mundo1994:
  • Medalla de Bronce en -56 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Torneo Internacional de Budapest
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Torneo Internacional de Bucarest
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Torneo Internacional de Marsella1993:
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de la Comunidad Europea
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Torneo Internacional Villa de Madrid
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España por Autonomías
  • Medalla de Bronce en -56 Kg en el Torneo Internacional de Suiza1992:
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Open de España1991:
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Campeonato de España
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España Universitario
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Torneo de Estambul
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Torneo Villa de Madrid1990:
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España Juvenil1989:
  • Medalla de Plata en -56 Kg en el Campeonato de España Juvenil1988:
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España Juvenil1987:
  • Medalla de Oro en -56 Kg en el Campeonato de España Juvenil
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    Para recuperar o subir nota, la parte teórica correspondiente a BALONCESTO, debes bajarte este documento y enviar las respuestas que creas correctas antes del Miércoles día 21 de Marzo al siguiente correo electrónico:

    sidin78@gmail.com

    NO OLVIDES DEJAR TUS DATOS; NOMBRE COMPLETO Y CURSO

     prueba-teorica-recuperacion-de-baloncesto.doc

    MUCHA SUERTE Y ÁNIMO 

     


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    Este tipo de fútbol es practicado principalmente en Irlanda, donde nació en el siglo XVI y donde se ha convertido en uno de los deportes más populares. En sus primeros años era practicado por aquellos hombres de la ciudad con una corpulencia considerable, el número de jugadores oscilaba entre los 25 y 100.

                Normalmente se jugaba entre equipos de dos ciudades limítrofes, se comenzaba en un punto intermedio entre las dos ciudades y el desarrollo del juego consistía en hacer llegar la pelota a una de las ciudades, claro está, por el equipo de la ciudad contraria. Las reglas oficiales se establecieron en 19884, con la creación de
    la Gaelic Athlectic Association.

     

                Dicen que el Fútbol Gaélico es parecido al baloncesto y al fútbol y que es también parecido al fútbol australiano Un breve resumen de las reglas: Se juega con un balón de cuero redondo, como el de fútbol, pero algo más pesado y pequeño.
    Juegan 15 jugadores por equipo: 1 portero, 6 defensas (3 más adelantados y 3 más retrasados), 2 medios y 6 delanteros (también 3 más adelantados y 3 más retrasados).
    Se juega en un campo rectangular (más grande que un campo de fútbol)
    El balón puede llevarse con las manos o con los pies. En caso de llevarse con las manos el jugador debe botar el balón o darle un ligero puntapié cada cierto número de metros o pasos.

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                El balón se pasa con el pie o dándole un puñetazo, como en Fútbol Australiano.
    El tipo de placajes es básicamente el mismo que en Fútbol Australiano.
    El campo es básicamente el de Rugby.

                 La portería es una “H”, como en Rugby, con la diferencia que se puede anotar por encima del travesaño, como en Rugby, y esa anotación vale 1 punto, o por debajo, en la portería de Fútbol propiamente dicha, con portero y todo, y esa anotación vale 3 puntos. Al final del partido con 2 partes de 35 minutos cada una gana, obviamente, el equipo que más puntos anota.

                 A diferencia de otros deportes, han hecho las reglas para mantener la continuidad de los partidos y para asegurar que las detenciones sean tan cortas como sea posible sin sacrificar los elementos de habilidad. Por eso, no hay regla de fuera de juego como en el fútbol pero un delantero no debería estar en el cuadro del guardameta antes de la llegada de la pelota.

               

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    Aunque la mayor popularidad de este juego recae en Irlanda, hay ciudades de Canadá o Estados Unidos donde también se practica. Nueva York cuenta con un club que participa en
    la Liga Nacional Irlandesa.

    Enlaces interesantes:


    A lo largo de la Edad media se extendió durante el renacimiento en Italia un juego llamado Calcio, siendo la cuna de este juego Florencia, donde actualmente aún se juega.

    El calcio se desarrollo de una variante romana de uno de los juegos de las olimpíadas griegas, fue adoptado inicialmente por la nobleza urbana de las ciudades italianas del medioevo, prósperas gracias a su comercio mediterráneo, para momentos especiales como ceremonias políticas, encuentros de embajadores, bodas y otras fiestas similares. Y se popularizó enormemente durante el renacimiento en las repúblicas pontificias.

    Por el año 1410 un poeta anónimo florentino ya cantaba al gioco del calcio de la piazza del Santo Spirito. Porque en las poderosas repúblicas eclesiásticas de Florencia, Pisa, Génova, Venecia, que dieron a Italia gran brillo intelectual y económico, el calcio se jugaba en las plazas principales de las ciudades durante el mes de Julio. Eso hacía que las dimensiones de las canchas fueran bastante similares a las actuales; la de Santa Croce, por ejemplo, medía 137 metros por 50. El equipo standar lo integraban 27 jugadores, alineados con 15 delanteros en V, 5 medios, 4 tres cuartos y tres defensas. La pelota podía ser tomada con la mano, pero sólo se la podía pasar con el pie (con excepción del que cuidaba el arco que sí podía lanzarla con la mano), los arcos tenían forma de carpa. Los saques de banda eran como los actuales y luego de cada gol se reiniciaba desde el centro de la cancha. Las graderías se montaban en rededor de la plaza, haciendo auténticos estadios, que en Florencia, como documentan grabados del siglo XV, se llenaban hasta los bordes.

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    El objetivo era sumar más puntos que el equipo rival. Para esto, se colocaba un agujero en cada lado del campo de juego, el cual era de dimensiones similares a un campo de fútbol actual, pero cubierto por arena. Utilizando las manos y los pies se debía introducir la pelota en dichos agujeros, con lo cual se obtenían 2 puntos, pero si se fallaba el tiro, se sumaba medio punto al equipo rival. El encuentro duraba 50 minutos, y era controlado por 8 árbitros. Los equipos lucían coloridos uniformes distintivos. En esta ciudad, la llegada de los Médicis al poder oficializó el gioco del calcio.

     Los políticos florentinos concebían el juego como una válvula de escape para el agitado ciudadano de Florencia, acosado por la lucha económica y, a veces, sumido en el aburrimiento. Y también ya concebían todo el entramado de intereses creados por procedimientos legales y de los otros que hoy ha provocado la gran crisis del calcio. El CALCIO estaba perseguido habitualmente por las autoridades, ya que creaban incidentes, ánimo de revancha entre ciudades y su violencia producía numerosos heridos.

    El calcio se siguió jugando en esa forma tan cercana a la cultura actual del fútbol, durante los dos siglos de ocupación militar española de la península y hasta fines del siglo XVIII, época en que otros países de Europa (entre ellos Inglaterra) prohibieron oficialmente juegos de pelota, porque la impetuosa revolución industrial los consideraba nocivos para la productividad en el trabajo y la disciplina en los ejércitos. Pero el popular calcio se siguió practicando y en días festivos se enfrentaban los equipos de distintas ciudades.

    El deporte revivió en 1930 durante la dictadura de Benito Mussolini y todavía hoy, a manera de homenaje, se celebra anualmente en
    la Piazza della Signora de Florencia, un partido de calcio tal como se estilaba en el 1400, para demostrar la continuidad histórica de este juego que sigue teniendo a Italia al tope de Europa.