BLOG DE EDUCACIÓN FÍSICA

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La Mirada

Posted by mvillard en febrero 11, 2007

 

Profundamente. No había sido la primera, quizás tampoco la última, pero había llegado a mí de forma súbita. Profunda. Hasta ahora, nunca tuve interés por las otras miradas de gente extraña, gente a mi alrededor, gente y más gente que miraba y yo les correspondía. Sin más. Creo que fue ella la que se acercó, haciendo desfilar por mi cuerpo una espiral indefinible de sentimientos, similar a una rebelión de pequeñas hormigas.

La recuerdo bien, no la olvido, no podría. Mi día tenía destinado ser como otro cualquiera, uno más inflado de rutina, en el que mi persona se había sentido protagonista cómodamente hasta entonces. Mis monotonías diarias no iban a hacer de aquel un día diferente, sin tan siquiera con momentos para recordar en futuras paranoias de pasado. Salir a la calle de vez en cuando formaba parte del guión marcado que intentaba seguir, para dar sentido a un mundo personal y sin fisuras. Me sentía como el resto, uno más.

Casualidad o no, lo cierto es que las dos o tres miradas que llevaba en mi lista callejera por entonces, no levantaban más atención para mi que las de cualquier otro caminar, hasta que, sin más, se acercó. El encuentro despertó todo mi ser, reflejó en un puro instante anhelos nunca imaginados, que sin embargo tenía y no había sido capaz de otorgarles la oportunidad de nadar a orilla mejor.

Si duró más tiempo de lo que necesitaba o menos del que pedía, no lo sé, tan sólo sus consecuencias han hablado desde entonces conmigo. He mantenido ociosas conversaciones con mis pensamientos y lamentos, y siempre acabamos riñendo o haciendo lo que a estos les inculcó aquella mirada pasajera. Nuestro principal tema de acalorados debates, se basa en acusaciones de escasa valentía, de reproches incuestionables por dejarla marchar, por no ir tras su dueña, por no soñar con compartir su custodia. Pero yo me consuelo pensando que si no hubiera sido capaz de llegar a sentirme penetrado por aquella mirada, si en aquel instante, por un desliz del tiempo, hubiera sido parte del resto de mi rutina diaria, no tendría nada.

Ahora es su recuerdo el que es mío, el recuerdo de haberla sentido, de haberla vivido. Profundamente. Tengo algo que otros no tienen, que no deseo compartir y que no sabría como hacerlo. Aquella mirada me enseñó todo y no me enseñó nada. No supe que encontrarla y ella se me acercó.

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